sábado, 8 de marzo de 2014

MI HOGUERA

Alguien me dijo una vez que hay personas que son como una hoguera, que además de luz, dan calor.
Yo tengo una hoguera, que me sirve de guía gracias a su luz, que me reconforta con su calor, pero además, que espanta a las bestias que de noche quieren comerme, que me permite dormir tranquilo y caliente.

Yo tengo un faro que me guía, que me evita tropezar con las piedras, que me hace esquivar arrecifes de problemas en la vida, que me da la alegría de estar cerca de casa, esa alegría que da la seguridad.

Yo tengo una manta que me arropa. Que me abraza en las noches frías. Noches frías aunque haga veinte grados. Noches frías por vientos de futuras tempestades, noches frías por tormentas antiguas.

Yo tengo una fiel compañera que lleva una brújula exacta. Que me guía cuando pierdo el rumbo, que me asesora cuál es el mejor camino y que, de vez en cuando, deja a un lado la brújula para que me pierda y vuelva a su lado. Que me abraza cuando lo necesito y que me da distancia cuando así lo requiero. Con la que camino unido, aunque a veces nos demos unos metros para que cada uno disfrute del paisaje a su manera. Un Sancho que me da cordura cuando más lo necesito.

Yo tengo lo que otros se pasan la vida buscando, y muchas veces sin saberlo. Yo tengo El Dorado, tengo mi Piedra Filosofal, mi Arca de la Alianza. Yo tengo lo que soñáis, lo que anheláis, lo que deseáis, tengo lo que me gustaría que todos tuvieseis, lo que espero que algún día consigáis.

Yo tengo mi hoguera. Prended la vuestra con buena leña. Dejad que os dé luz y calor. Y alimentadla de vez en cuando, que no se apague.

miércoles, 26 de febrero de 2014

CAMINO DE ROSAS

 Nadie dijo que la vida fuese fácil, de hecho, es todo menos eso. Si alguien se ha pensado alguna vez que esto es un camino de rosas, un sendero de risas o una carretera llena de clubs de alterne se equivoca de cabo a rabo.
La vida es muy puta, te hace sufrir por cosas que no mereces y la mayoría de veces ni siquiera existe la oportunidad de defenderse. Pero no por ello debemos obviar lo bueno.
Si hiciésemos un cómputo global entre llantos y risas, seguramente no compensaría, sobre todo, porque los llantos siempre pesan más que la risa si los ponemos en una balanza. Pero ese no debe ser motivo para no poder disfrutar los momentos divertidos que tenemos. 

 Debemos vivir cada momento bueno con toda la intensidad que podamos, sin acordarnos de los malos, sin pensar en lo que nos acecha, sin pesos, sin ataduras... disfrutando libremente.

 Lo malo nos llega, en muchos casos, sin haberlo buscado, mientras que lo bueno debemos intentar encontrarlo. Es trabajoso y a veces muy pesado, pero tenemos que poner de nuestra parte, acercar las cosas que nos gustan y divierten y alejar todo aquello que nos pueda dañar.

 A veces, pasan cosas buenas a nuestro lado y no nos damos cuenta, no nos centramos en ellas ni disfrutamos de lo que ocurre porque estamos dándole vueltas a algo malo, estamos deprimidos o pensando en nuestros problemas... pero todo eso puede esperar, podemos dejarlo a un lado durante unos minutos y disfrutar un momento de la libertad que te da el reir sin compromiso, el llorar de risa en lugar de pena, en compartir un estado de felicidad. Los problemas seguirán ahí, pero nadie nos podrá robar nunca más esa carcajada soltada al viento, ese disfrutar un minuto de un sentimiento tan puro que nunca puede llevar a algo malo.

 Es más que probable que la mayoría de vosotros ya haya sufrido más de lo que una persona debería sufrir, pero aquí seguimos, peleándonos con la vida por un motivo, y ese no es otro que conseguir un puñado de buenos momentos... no los dejemos pasar, por favor, pues son pocos, no pesan, pero es lo que hace que cada mañana nos levantemos con ganas de cambiar las cosas.

 Para mí, un momento de risas, un minuto de libertad, un instante de pureza y de no pensar en nada más que en el momento, es lo que me hace moverme... es lo que hace que todas las mañanas me levante con una gran sonrisa, es por lo que sigo aquí, peleando, luchando y aceptando cada momento malo y cada problema como un obstáculo más en el camino de rosas.

jueves, 2 de enero de 2014

EL VINO Y LA AMISTAD

  Los buenos amigos son como el buen vino, mejoran con los años. La amistad, cuanto más se alarga en el tiempo, más cosas buenas tiene.
Eso sí, al igual que el vino, hay que cerrarla bien, que no le entre aire y se pique. Hay que cuidarla, dejando que madure poco a poco, en buenas barricas de roble y sin ninguna prisa. Y así es como llega a convertirse en un buen vino.
Pero no sólo de tiempo vive el vino… ni la amistad. Hay que saber escoger las uvas, es decir, los amigos. No cualquiera vale para ser buen amigo al igual que no cualquier uva puede dar buen vino.
Un gran reserva sólo se consigue a base de años de cuidados, mimos y paciencia. Arreglando cualquier cosa que salga mal, a ser posible, antes de que suceda y fastidie toda la cosecha.
Con cualquier vino puedes emborracharte una noche, al igual que con cualquier amigo. Pero sólo podrás disfrutar de una buena conversación, de una estupenda comida o de un gran rato con un buen vino.
No todos los grandes amigos deben ser iguales, ni pensar lo mismo. Cada vino es distinto. Puedes encontrar blancos de Rueda exquisitos, Riojas de bouquet infinito o un Ribera del Duero que te mejore cualquier comida. Con los amigos pasa igual. No todos tienen que parecerse. En la variedad se encuentra muchas veces la virtud, y quien se acostumbra al mismo vino, termina por no apreciar algo nuevo.
“Yo sólo tomo Rioja, desde hace años” dicen algunos. Y con los amigos les pasa lo mismo, si no se abren a nueva gente, pueden dejar escapar un magnífico Ribeiro.
En la amistad tenemos también muchas clases de vinos. Los hay de carácter fuerte, en plan Rioja. De los que te dejan buen sabor de boca, como un Ribera del Duero. Los hay dulces y afrutados. Pero los peleones o amargos no los quiero.
Hay vinos (y amigos) para momentos determinados. No siempre puedes tomarte un vino dulce o un espumoso, por eso, los mejores vinos son aquellos que pueden acompañar cualquier comida, cualquier salida, cualquier situación.
No dejéis que una mala uva estropee un bueno vino. Poned atención y cuidad de la cosecha y  de su envejecimiento en barrica. No hagáis ascos a un vino nuevo y conservar siempre los aromas y sabores de los antiguos.
Bebed… bebed amistad, disfrutad el vino en cada momento y lugar y no abuséis de él ni lo malgastéis.

martes, 17 de diciembre de 2013

IMITANDO A UN POETASTRO

Y ahí va una poesía… no es algo que haga habitualmente, pero cuando salen cosas con ritmo, mejor aprovechar.



Cuando me caigo,
No me levantas;
Pero me dices la forma
De ponerme en pie.

Cuando me ciego
No me guías;
Pero me dices el modo
De no perderme.

Y aunque a veces, quisiera
Que me levantes y guíes....
No es lo mismo que te apoyen
A que te enseñen a apoyarte.


QUERIDO GONGORILLA

Inconformista, que con mucho se conforma, que sólo se queja por abrir la boca. Al que todo el mundo quiere, por parecer encantador cuando sólo canta tu sobaco. Del que todos se prendan, menos un prenda, que de ti hace años que pasó... años de buenos vinos y mala leche.

domingo, 8 de diciembre de 2013

CAMINANTE DE CIUDAD

Me gusta andar por Madrid en verano. A esa hora en la que ya no hay sol y el asfalto no quema los pies... cuando refresca.

 Entonces, solo por las calles de mi ciudad, ando despacio, sin prisas, porque donde voy no hay hora de llegada. Pensando en mi amor, mi familia, mis amigos, mi trabajo... en todo lo que me rodea y me hace ser yo.

 Y Madrid, a esa hora, es la Emperatriz de las Ciudades, la Reina de los Condenados. Donde viven a la par los Sueños Rotos y las Esperanzas, el Quiero y no Puedo y el Puedo y no Quiero, el que vale para algo y el que no sirve para nada, las Ilusiones Perdidas y los Perdidos Ilusionistas... Todos en un crisol de Quimeras y Desengaños.

 Y paseo, tranquilo, y me fijo en sus calles, sus casas, sus gentes y sus pensamientos. Y piensan sin pensar porque no piensan en lo importante, y se miran sin fijarse porque no se dan cuenta de lo que salta a la vista... salvo algunos pocos locos.


 Y entonces, vuelvo a casa, dejando casi todo en el portal antes de entrar, y vuelvo a mi otro yo, ese que no pasea por las calles, si no que sigue la rutina; ese que piensa sin pensar; ese que mira sin fijarse... pero ese, sabe que es una de esas personas que no piensan y no se fijan, y es consciente que no puede vivir siempre caminando tranquilo por la calle, ese tío sabe que no siempre es verano... aunque también sabe, que Madrid siempre está lista para escuchar sus pensamientos cuando él quiera lanzarse a caminar por sus calles... tranquilo.... cuando refresca.

viernes, 6 de diciembre de 2013

PRÓXIMA PARADA, EL INFIERNO

Hace frío fuera. Es invierno. En el calor de mi casa pienso; sin prisa ni pausa, pero con el corazón lleno por llegar donde he llegado. Y me engorda el alma... crece y sonrío. Y paro de pensar sólo para alegrarme, para sonreír.
Y cuando miro por la ventana y veo caer la lluvia, sin pausa ni prisa, es cuando me acuerdo de la frase de Huxley "tal vez la Tierra sea el infierno de otro planeta".
Yo ya pasé mi infierno. Uno en el que no se tienen ganas de seguir adelante. Donde no hay luz al final del túnel ni pasa el tren de cercanías para salir de allí.... da igual la parada, lo importante es salir.
No sabes cómo has llegado a él, al principio parece que es él quien llega a ti, pero no es verdad. No lo sabes porque no ves donde pisas o vas con los ojos cerrados de falsos sueños y tu propia angustia por desesperarte y, cuando te das cuenta, estás solo, en medio de la nada... lodo y nada. Y todo gris (en el mejor de los casos). Por vivir con quien vivía y como vivía, por juntarme con quien me juntaba y como me juntaba.... por meterme donde no había oído ni mi nombre.
Mi infierno.
Y sin salida te pones a andar, sin rumbo, das vueltas en redondo y te vuelves a encontrar en el mismo sitio.
No se puede caer más bajo.
Y sin luz que te guíe, te pones en marcha buscando salidas... que no llegan, que no se ven. Pero las hay y lo sabes, por eso sigues caminando, hundido hasta las rodillas en la ciénaga, esa que te rodea, sólo ves lodo hasta donde alcanza la vista, no ves más que eso.
Y vas solo, porque has apartado a todo el mundo de un manotazo, de un empujón. Tu única compañía es la derrota y la rutina, que no te marcan el camino ni te dan ánimos, si no que intentan engañarte para que sigas dando vueltas por ese infierno. Un infierno sin calor ni fuego, si no oscuro, frío, húmedo... y solo.
Y al final, casi te das por vencido, pero sabes que tienes que seguir, que continuar andando. Y sin nada que perder es cuando puedes jugar mejor y arriesgarte, coger los caminos difíciles por donde nunca irías si te juegas algo. Y por fin, por uno de esos caminos y después de muchos intentos fallidos, ves la luz. Y corres. Y sales fuera de la ciénaga. Del infierno. Y una vez allí te paras a respirar el aire limpio, sin ese olor a azufre... sin ese olor a derrota. Y te pones al sol, que te calienta pero que sobre todo, te da luz, y sentado bajo un árbol, con los rayos en tu cara piensas en lo que has dejado atrás, todo aquello que antes del infierno pensabas que era tu vida.... y casi fue tu muerte.
Y te das cuenta, que te propusiste salir y lo has conseguido, has logrado tu meta que era la más difícil de todas. Ahora tienes que ser ambicioso, no por dinero o poder, si no porque sabes que eres capaz de cualquier cosa, que después de superar el infierno no hay nada más difícil y que cualquier objetivo que te propongas no es demasiado para ti.
Ahora pisas firme porque ves el camino, lo has marcado tú, y adelante... y cada vez más. Sea donde sea, ya sabes dónde vas.

Esto se lo dedico a todos aquellos que, sin acompañarme, los tuve en mi mente mientras estuve con los pies en el lodo, a todos aquellos que quisieron acompañarme y aparté de un empujón, a todos aquellos que se perdieron por el camino, pues también me hicisteis más fuerte.
Para todos aquellos que no ven el camino y piensan que no hay salida sea cual sea su infierno... que sigan, que ya no hay nada que perder, que den vueltas en redondo para un día poder encontrar su salida... que la hay... lo juro.
Que no hagan caso de las malas compañeras de viaje y que den palos de ciego si hace falta, porque se puede salir... no sé cómo, ojalá pudiese explicarlo, pero se puede.
Para que aquellos que ya han salido se acuerden de su infierno, que no lo olviden, que sepan que no hay nada más difícil y que con ese pensamiento lleguen donde quieran.
Que tomen el sol en el árbol, que respiren profundo el aire limpio pero que no se queden quietos porque la ciénaga avanza, y si te paras puede volver a cogerte. Que tomen un camino, sea cual sea pero el que ellos elijan... porque ahora pueden elegir, cosa que en el infierno no pasa.